2026 un reto para la democracia y la seguridad

En el primer cuarto del siglo XXI, la incertidumbre y la tensión regional se intensificaron exponencialmente, en un escenario donde el declive, desconfianza e insatisfacción con la democracia se muestran como un caldo de cultivo para las autocracias, muchas institucionalizadas. La economía (42%) y la seguridad (22%) son, según el Latinobarómetro 2024, las principales preocupaciones de la región. En Ecuador, según el mismo estudio, la seguridad es el problema principal con un 52% y la delincuencia con 49%.

De cara a 2026, varios reportes e índices de medición de la democracia muestran que las grietas se amplían: la EIU registra un promedio global de 5,17/10 y que solo 45% de la población vive en democracia; V-Dem estima que el 72% vive en autocracias y que hoy hay menos democracias (88) que autocracias (91). Freedom House habla de 19 años consecutivos de caída (60 países retroceden vs 34 mejoran).  IDEA ubica al Estado de derecho como el desempeño más débil (71 países, 41%, “low-performing”). Según el Latinobarómetro 2024, aunque existe un leve repunte de apoyo a la democracia en Latam con un 52%, Ecuador se ubica por debajo de la media con un 42%.

En la región, el crimen organizado transnacional gana terreno y las respuestas de los Estados no logran articular de manera efectiva mecanismos idóneos para combatir el fenómeno. Los autores Levitsky y Ziblatt recuerdan que las democracias no mueren con golpes, sino por erosión gradual, demostrándonos que el declive de la democracia en la región está también atado al flagelo internacional del narcotráfico.

En Ecuador, 2026 será una prueba para el gobierno, en un escenario político fragmentado, de alta demanda ciudadana por seguridad y una profunda crisis institucional. Para resolver los conflictos sociales y restablecer la confianza democrática, los actores políticos deben unirse detrás de los valores democráticos, promoviendo agendas abiertas de acuerdos mínimos, una política transparente y sin bandera, basada en consensos, diálogo y negociación, con el fin superior de enfrentar mancomunadamente los grandes problemas del país. Si el gobierno no recupera esa capacidad de unificar y liderar políticas públicas de desarrollo estructural que transformen integralmente las condiciones sociales y económicas que propician la inseguridad o la violencia, será un año complicado. El país necesita golpes de eficacia que devuelvan la confianza y la esperanza en días mejores.

Santiago Pérez Samaniego

X: @santiagojperezs

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