Violencia política

El intento de magnicidio de CFK constituye una muestra más de la intolerancia y fanatismo político que hoy impera en América Latina.

Si bien es evidente que se ha constituido un frente antiprogresista, que opera de forma fascista en cada territorio con el objetivo de evitar el giro hacia la izquierda, lo preocupante es que las prácticas son cada vez más radicales.

Y por supuesto, si el discurso que nos implantan, nos lleva a creer que un modelo distinto al neoliberalismo capitalista, es el mismo apocalipsis, un cuco, un demonio, que nos llevaría a la extinción, que nos despojaría de nuestra propiedad privada, de nuestros “lujos”, de nuestras “riquezas” (como si en verdad las tuviéramos).

Pero no, la realidad es distinta, el cambio hacia la derecha hasta ahora no ha sido para bien, nos han despojado nuestra tranquilidad, volvimos a migrar, volvimos a la inestabilidad laboral, nos ha inundado de crimen, de intimidación, y el estallido de violencia nos pasmó a todos. Ya sea en las calles, en las casas o en las redes sociales; vivimos en un Estado de excepción permanente, donde nos han sitiado inconscientemente al miedo y la inseguridad.

Pero al parecer la memoria del pueblo es frágil y volvemos errar en cada elección. Como dijo Bauman: “La tendencia a olvidar es para desventura nuestra, la marca indeleble de la cultura moderna”.

Tal vez la ola de violencia que ha captado ciudades enteras, no permea en generalidad la apacible Loja, pero no podemos confiarnos, pues la violencia también transmuta, y se manifiesta en otros ámbitos, como la economía, el género, o la política, y en eso si estamos a puertas de una nueva ola local.

La memoria debe ser la mejor virtud en tiempos de política.

Jorge Ochoa Astudillo

socjorgeochoaa@gmail.com

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