Una cortés negativa

“Es llave la cortesía para abrir la voluntad”, leemos en Fuenteovejuna y de inmediato encontramos que esta simple frase, extraída de una fábula basada en sucesos medievales, resulta de utilidad notable para los crispados tiempos que vivimos en el Ecuador. Todos los días, en las redes sociales y en los espacios públicos, observamos disputas amargas por los desacuerdos que suscita la cercana consulta popular. No quiero entrar en tales berrinches ni quiero contribuir al disgusto general y por eso me adelanto a ofrecer una cortés negativa a los pedidos presidenciales. A los buenos amigos que encuentran esta posición odiosa les debo, sin embargo, una explicación comedida de mis razones para decir no a cada una de las preguntas que se formulan.

Respecto de las bases militares en territorio ecuatoriano me permito recordar que la victoria sobre los malos gracias a la acción de un grupo de soldados rubios y sonrientes, dotados de mucha tecnología, sólo sucede en las series de televisión. La realidad es mucho más compleja. Sí se piensa en organizaciones de seguridad privada (al estilo de “Los Magníficos”) sería como introducir en el país a mercenarios tan siniestros y reprochables como los mismos jefes de los carteles.

En cuanto al corte de la financiación a los partidos políticos con toda seguridad traería el efecto de llenar los puestos de elección popular con peleles dependientes de contratistas, de narcotraficantes o de ociosos millonarios que buscan manipular el poder y obtener prebendas propias. ¿Qué hubo malos manejos? Por supuesto, pero siempre son minoría frente a todas las organizaciones que presentan cuentas pulcras. La generalización es una de las herramientas de la mentira.

Disminuir el número de asambleístas tendrá igual efecto, se concentrará el poder legislativo en las manos de los mismos cromos repetidos que hemos visto en los últimos veinte años. Y a todo esto, ¿de verdad necesitamos una nueva constitución? Hay muchas tonterías en la actual carta fundamental, pero no ameritan todo el proceso doloroso y caro de una asamblea constituyente y menos de una revisión de los derechos que ya están consagrados en la conciencia popular y que ningún texto podrá cambiar.

Carlos García Torres

cegarcia65@gmail.com

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