Un mensaje desafortunado

El refrán “Palabra suelta no tiene vuelta” tiene un amargo sabor a sentencia, para aquellas personas que no piensan antes de hablar, tampoco analizan el alcance de sus expresiones que, una vez lanzadas al viento, pueden ser devastadoras y causar una severa conmoción social.

Ha causado revuelo, preocupación y bochorno las palabras de la diputada, por Pachakutik, Rosa Cerda, pronunciadas en una convención de su partido en Napo, en donde, impulsada por la emoción del momento, dijo textualmente: “Eso les he dicho, si roben, roben bien, justifiquen bien, pero no se dejen ver las cosas, compañeros”. Cientos de personas escucharon este mensaje en vivo y, horas después, millones de ecuatorianos, a través de los medios de comunicación.

Y, como es obvio, algunos asambleístas de su partido, quieren aclarar lo que está tan claro, y buscan elementos de descargo, manifestando que ella pudo haber sufrido una confusión lingüística, y que lo que dijo no es lo que quería decir. La propia involucrada, víctima de sus nervios y temores, ha salido al frente para decir que su mensaje ha sido sacado de contexto (interpretado de manera antojadiza, al margen de su verdadera intención). Sin embargo, se la escucha hablar en un castellano bastante bueno, sin titubeos, incitando a encubrir el ilícito del robo para evitar ser descubiertos.

La señora Cerda es una asambleísta joven que, supongo, está dando sus primeros pasos en tan alta dignidad. Pienso que lo más sabio y digno es reconocer el error y pedir disculpas públicas, y procurar no reiterar en exabruptos de esta naturaleza y, obviamente, atenerse a las consecuencias disciplinarias. Será una buena forma de lavar su honor.

Antes, después del gobierno de la “´década ganada” (¿?), cuando los organismos competentes encontraron actos de corrupción por todas partes y por sumas millonarias, no faltó alguien que dijera “no importa que hayan robado, pero al menos hicieron obras”. Si queremos que nuestro país evolucione hacia una sociedad digna e íntegra, se deben dejar por completo estos pensamientos perniciosos.

Darío Granda Astudillo

dargranda@gmail.com