“El escritor que no deja en el alma de sus lectores una enseñanza útil ha escrito en vano” (N.Gógol)
Con preocupante frecuencia escuchamos a ciertos políticos e incluso gobernantes y particulares afirmar o aseverar que determinada persona “no ha hecho nada”, “carece de capacidad”, o “no está a la altura para gobernar ni servir”, mientras convierten su propio criterio como la única alternativa válida. Es, quizá, una de las expresiones más evidentes de una sociedad en la que el “yo” termina imponiéndose al “nosotros”.
No trataré de explicarlo con amplitud; no obstante, sí diré que, si examinamos esta realidad con serenidad y espíritu crítico, advertiremos que ese culto al yo constituye uno de los males más profundos que debilitan la convivencia democrática del Ecuador. Cuando el afán de protagonismo personal desplaza al bien común, la política deja de ser un espacio de servicio para convertirse en un escenario de vanidades. Cada uno levanta una barrera frente al otro y termina aislado.
Ha llegado el momento de comprender que ese yo desmedido e insensato es un arma silenciosa que divide, enfrenta y debilita a la sociedad. Todos sabemos, como lo recordaba Eduardo Galeano, que “la cabeza que piensa por sí sola siempre será un peligro para el autoritarismo”. Precisamente por ello, las voces libres resultan indispensables para preservar la democracia y la dignidad de los pueblos.
¡Basta ya del culto al ego! Creo que ha llegado el tiempo de superar el yo y reencontrarnos con el nosotros. Los pueblos no se construyen desde la soberbia de un individuo, sino desde la grandeza de una colectividad que aprende a escucharse, respetarse, amarse, dialogar y avanzar firmemente unida, porque solo juntos podemos construir el futuro que nos merecemos.
Como una reflexión final, viene a propósito una idea de José Ortega y Gasset que señala: “Yo soy yo y mi circunstancia; y no la salvo a ella, no me salvo yo”. Esa sentencia nos recuerda que el destino individual está inseparablemente ligado al destino de la comunidad.
El debate sobre este tema queda abierto, como una invitación a materializar el cambio.
Jaime A. Guzmán R.
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