El escenario mundial actual se caracteriza por una creciente tensión política que evidencia tiempos turbulentos para la humanidad. Nos encontramos ante un sistema capitalista decadente, donde las contradicciones interimperialistas se agudizan en la disputa por el control de zonas de influencia, recursos estratégicos y mercados tecnológicos.
En este tablero, América Latina vuelve a estar en la mira de la Doctrina Monroe, sufriendo presiones geopolíticas y el peligroso ascenso de fuerzas de extrema derecha y fascistas que toman el relevo de un «progresismo» que no supo responder a las demandas del pueblo.
Ecuador es un reflejo dramático de esta ofensiva. El gobierno de Daniel Noboa encarna de forma nítida el servilismo hacia los intereses del gran capital local e internacional y la sumisión ciega a los designios económicos del FMI. Bajo el pretexto de resolver la profunda crisis de inseguridad ciudadana, asistimos en realidad a una preocupante profundización de la agenda neoliberal, camuflada en decretos de estados de excepción permanentes y una creciente militarización del territorio.
El régimen busca desmantelar los derechos laborales, golpear la economía de las clases trabajadoras con paquetazos tributarios y entregar la soberanía nacional a tribunales arbitrales internacionales contrarios a nuestra Constitución.
A la par de la agresión económica, la actual coyuntura ecuatoriana revela una peligrosa aceleración de tintes autoritarios. El Ejecutivo no ha dudado en chocar con la Corte Constitucional, instrumentalizar la justicia para perseguir y proscribir a las fuerzas de oposición, e intentar acomodar el tablero electoral mediante la eliminación administrativa de adversarios políticos.
La deriva de control institucional e intolerancia democrática retrata a un gobierno que busca sostenerse por la fuerza ante el desgaste evidente de su gestión y el rechazo popular a sus recetas privatizadoras.
Sin embargo, la historia nos enseña que los pueblos de América Latina no están dormidos. Desde las calles de Argentina y Chile hasta la resistencia de las organizaciones sociales en Ecuador, la clase obrera y los sectores populares demuestran que la lucha florece en oleadas contra las políticas de ajuste. La respuesta frente a este modelo hambreador y filodictatorial no puede ser la fragmentación ni la resignación electoral. ¡La lucha es camino de victorias!
Remo Cornejo Luque
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