La desnaturalización de la palabra

La palabra correctamente utilizada es un don, el hombre a través del lenguaje se empodera de la realidad de su entorno y lo proyecta al mundo en su correcta dimensión e interpretación. Los seres humanos expresamos lo que llevamos dentro y nuestra expresión solo se cumple por medio del lenguaje. La palabra es el gran signo que hace posible el encuentro y el diálogo; la palabra, nos faculta para conocer y dar a conocer la realidad que nos circunda; y, en definitiva, hace que la convivencia sea factible y todo aquello que vemos, sentimos y vivimos se vuelva universal a través del lenguaje. Dice Juan Luis Vives: […] “No hay espejo que mejor refleje la imagen del hombre que sus palabras.” […]

La palabra define al individuo, por tanto, solo debemos escuchar cómo habla una persona, para obtener los datos interesantes sobre su modo de ser; por su forma de expresarse se puede conocer su sensibilidad, su inteligencia, los rasgos predominantes de su temperamento y carácter, su sociabilidad; y, también, en lo político… su franqueza, su conocimiento y en muchos casos su falta de contenido y probidad. Qué acertado criterio el que sostiene Alexander Pope: […] “Las palabras son como las hojas; cuando abundan, poco fruto hay entre ellas.” […] Y en nuestra politiquería aldeana, de esos bufones de baja ralea tenemos en abundancia.

Es importante poseer un vocabulario amplio y saber usarlo con precisión y propiedad. Nuestro conocimiento está íntimamente vinculado al número de vocablos que conozcamos. Lo que no se puede nombrar es como si no existiera para nosotros. Sermo generatur ab intellectu et generat intellectum (el discurso/la palabra es generada por el pensamiento y genera el pensamiento). La abundancia de vocabulario permite al individuo expresarse sin titubeos, repeticiones y rodeos innecesarios, al tiempo que da prestigio a quien habla. Muy por el contrario, la escasez de vocabulario… refleja la mediocridad de su pensamiento y la carencia de conocimiento a la hora de sustentar una tesis, una idea, una crítica fundamentada en la veracidad de los hechos o documentos expuestos.

Hoy, vemos con asombro aquellos sicarios de la palabra fabular sandeces sobre un determinado candidato; en lo común, denostar sobre su vida, su pasado, su familia o la obra realizada en un determinado cargo; inclusive, los candidatos opositores, faltos de ideas o propuestas, han tomado como muletilla, pararse en la vereda de enfrente y lanzar infundios orientados a desprestigiar una determinada gestión o la aspiración legítima de alcanzar una dignidad.  Esta es, para ese tipo de politiqueros de baja ralea, la mejor forma de hacer su campaña electorera; el insulto, la diatriba procaz y la falsa retórica de que ellos, sin fundamento alguno, son los redentores del cambio y el mejor ejemplo de dignidad, trabajo y eficiencia administrativa.

Hay que distinguir con claridad meridiana a los bufones de la politiquería lojana, que han hecho de cada campaña su modus vivendi… y una forma deshonesta de apuntalar aquellos politiqueros faltos de ética y moral para alcanzar sin mérito alguno la voluntad popular; para que esto suceda les deseamos: …buen viento… y buena mar.

Lenin Paladines Salvador

leninb14paladines@gmail.com

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