De muchacho escuchaba a familiares y amigos de mis padres, que cuando les preguntaban su edad, respondían: “ti-cinco”. En mis adentros me preguntaba, ¿por qué los adultos son tan misteriosos con su edad? Cuando empezaba la U., se me ocurrió preguntar a una chica que cursaba el último semestre su edad y me respondió: ¿no sabes que es de mala educación preguntar la edad a una dama? ¡Ups? Por un momento me sentí un chiquillo maleducado.
De adulto, uno se acostumbra a ver en las fiestas de cumpleaños de “los panas”, la infaltable vela de torta con forma de acertijo. Vivimos en un tiempo donde prima un culto a la juventud, donde es común escuchar a gente de cuarenta sentirse en decadencia. Pero tampoco se molestan en mover un dedo por mejorarlo.
La historia, nos enseña que Nelson Mandela fue presidente a sus 76 años, el Coronel Sanders inició su próspero negocio KFC a los 65 años, Robert Noyce fundó INTEL a la edad de 41 años, Ray Kroc inició McDonalds a los 52 años; y, la Madre Teresa recibió el Premio Nobel de la Paz a sus 69 años.
Cuando mi mente acaricia la idea de: ¿Y si volvieras a los 20? Me acuerdo de los retos superados y se me pasan las ganas. A veces somos tan severos con nosotros mismos, que juzgamos el pasado con los ojos de hoy; olvidando que ahora, somos más sabios de lo que éramos a los veinte.
Este año -Dios mediante- cumpliré 45, y no me sonrojo al decirlo. Por el contrario, me reto a desaprender viejas ideas, para abrir las puertas a las nuevas. Aunque sé, que canas y arrugas son inevitables, la sabiduría acumulada no se compara con nada.
Marlon Tandazo Palacio
@MarlonTandazoP