En lo apasionante de ejercer la profesión de abogado recorres largos caminos para alcanzar el verdadero significado de justicia y a la vez te encuentras con personas distanciadas de dicho significado. El poder y su arbitrariedad son la amenaza grave contra la norma escrita que aspira regir el comportamiento humano.
En estas líneas me interesa decir que el Estado, visto como institución pública solo para ejemplificar, es el encargado de alejarse del contenido de la ley. La voluntad política prima sobre la norma y eso obedece a que existe una especie de servidores públicos, llamados los sumisos o manipulables. Ellos no resuelven atendiendo su criterio sino cumpliendo la disposición de su superior, pese a ser conscientes de que no les corresponde obrar así.
Esto es fácil percibir, por esa razón te preguntas ¿Por qué él/ella está en dicho cargo sino tiene las competencias necesarias para ejercerlo? La respuesta es que a los superiores no les interesa tener los mejores elementos sino a quienes más obedecen, los que cumplen sin oposición, los que abandonan su criterio para ser regidos por quienes los colocaron ahí.
Puede sonar este texto un poco duro; sin embargo, es la verdad y prefiero decirla antes que ocultarla cuando es tan visible la injerencia de la autoridad sobre el criterio de quien aparentemente resuelve. Ellos no distinguen que su tarea se centra en ser servidor público y no servidor de la autoridad pública. Para finalizar, no está demás recalcar que también hay unos pocos que distan de este conjunto de servidores, que no son sumisos al poder, y los aplaudo ya que en ocasiones prefieren renunciar antes que atender arbitrariedades.
Carlos Orellana Jimbo
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