La solidaridad bien practicada está basada en un compromiso serio, sin distinción de sexo, raza, religión o afiliación política, con convicción e implícitas la honestidad, justicia e igualdad, para lograr impulsar los cambios, que un pueblo necesita para fortalecer su desarrollo.
Ya se iniciaron las diferentes campañas políticas con un sinnúmero de aspirantes y como siempre, imagino que presentaran una propuesta más milagrosa que la otra y es por ello que con mucho respeto y desde mi condición de simple ciudadana, les sugiero a los candidatos, que antes le den una repasada al significado de ciertos valores, para saber hasta qué punto están dispuestos o preparados para cumplirlos; como el de la solidaridad, que en la actualidad ya casi no se usa y que se refiere al sentimiento de unidad, basado en metas o intereses comunes; gente, vida, bien, caridad y amor son las palabras que relacionan la práctica de este valor, con el apoyo mutuo que debe existir entre las personas, no porque las conozcan o sean sus amigos; sino simplemente porque si llegan a ganar, será su deber contribuir al progreso de la ciudad, incluidos quienes vivimos en ella, cultivando a diario la solidaridad como una actitud, no solo para asumirla en casos de emergencia o desastres, sino como una característica que fundamenta al hombre, haciéndolo sentirse unido a sus semejantes, trascendiendo toda frontera: política, religiosa, territorial, cultural etc. y sin considerarlo como una limosna.
“la reunión en el rebaño obliga al león a acostarse con hambre”.
Talía Guerrero Aguirre
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