
Hace pocos días, un amigo lector me comentaba: Los votantes ecuatorianos, con las excepciones de rigor, germinaron para ser insensatos; nacieron de padres insensatos; estudian para insensatos; y, finalmente se relacionan con seres insensatos y malolientes que no se quitan ni con la muerte.
Si. ¡Así es! Nos guste o no, es una realidad amarga, pero viva, que embarrada de odio está a punto de destruirnos.
Por todo esto, se requiere – con urgencia- que las entidades educativas de tercer nivel organicen una campaña pedagógica con debates, seminarios, talleres, conferencias, etcétera, orientada a sensibilizar a sus alumnos ya a través de ellos a los habitantes sobre el deber ciudadano de ejercer el voto con responsabilidad, convicción y conciencia que nos permita elegir a las personas más capaces para conducir los destinos del país.
Es necesario que los votantes entendamos que un voto consciente y responsable ayudará a que el Ecuador logre sus metas que todos anhelamos y que no son otras que las de aplacar la pobreza y las desigualdades. Si votamos solo por obedecer órdenes de los falsos líderes y sobre todo por intereses personales y de grupo, estaremos burlándonos de la democracia.
Los principios de la democracia son principalmente la equidad y la igualdad, los que tenemos que defenderlos no solo como un homenaje a la justicia social, sino porque vivimos un momento difícil de la historia en los que están amenazados los derechos humanos y la razón. Clara que es una utopía, porque ella se aleja cuando queremos alcanzarla, pero hay que intentarla y sembrarla en nuestras almas.
Jaime A. Guzmán R.
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