Sartén por el mango, señores

Ayer, tomé un taxi y al embarcarme el conductor, al que llamaré Luís, saludó amablemente al tiempo que bajaba el volumen de la radio, para preguntar la dirección de destino.

En el trayecto, conversamos de cualquier tema. Yo también tengo mi historia -confesó- mientras se acomodaba en su asiento.

Hace varios meses, me sancionaron por beber con amigos mientras conducía –inició-. Fui a la cárcel, allí conocí a alguien que me ofreció una recompensa por recuperar su vehículo, que estaba también detenido, por conducir en estado etílico –agregó-.

Cuando Luís salió de la cárcel, su sed de venganza lo llevó a averiguar datos del agente que lo sancionó. Sabía quién era, dónde vivía y quería hacerlo asustar al uniformado. Podía pagar ese “favor” con el dinero ganado por recuperar el vehículo del tipo de la cárcel.  Luís tenía todas las piezas para su venganza. Hasta que se acordó de su esposa y su pequeño hijo, y consideró que, el agente hacía su trabajo, y que, gracias a esa sanción, se evitó quizás una desgracia, por conducir ebrio.

Ese rato DECIDÍ –recuerda Luís- con el dinero que obtuve, pagar la multa, recuperar mi vehículo, y buscar al agente a quien dije: “ñaño, me diste una buena lección, gracias” –finalizó-.

Tuve dificultad para bajarme del taxi de Luís, tenía un nudo en la garganta. Mientras escribo estas líneas, pienso en el libre albedrío, que nos deja ir por donde queramos. Ahí, depende de cada quien, agarrar la sartén por el mango, en esos microsegundos y elegir, aquello que nos hace bien.

Marlon Tandazo Palacio

@MarlonTandazoP