Revocatoria o ultimátum

Como vivimos en la capital musical donde sí sabemos que una cosa es con guitarra y otra con violín, digamos que al alcalde Franco Quezada en la posesión de su cargo, hace un año, se le fue la nota y el compás al ofrecer reconstruir Loja para que lo recuerden como “el mejor alcalde”.

Con entusiasmo y euforia política prometió asfaltar todos los barrios, agua permanente las 24 horas, tecnificar el relleno sanitario, alcantarillado para las parroquias, mantener la ciudad limpia, seguridad, combatir la corrupción y otras ofertas que para cumplirlas se necesitan recursos económicos. Al respecto anticipó crear la Unidad de Gestión y Cooperación local, nacional e internacional, encargada de conseguir el billete.

Ha transcurrido el primer año de gestión municipal con preocupación ciudadana, porque el alcalde Quezada en un año se ha quedado sin hacer nada. Y desde la reflexión en el colectivo se acentúan los rumores de la revocatoria del mandato. Más aún si Loja vive una situación sanitaria “fatal, antihigiénica” por falta de recolectores de basura, según advierte la propia coidearia, la vicealcaldesa Diana Guayanay.

Revocatoria que podría evitarse si el burgomaestre pone en práctica aquel refrán “santo que no hace milagros debe dejar el altar”, mejor dicho, que dé un paso al costado. De no hacerlo quedaría la destitución por el propio Cabildo, por los concejales algunos de ellos, por pereza mental, cómplices del descontento ciudadano. Pero hay otra alternativa. Como la obra pública municipal todavía no ha empezado, por qué no darle un ultimátum al alcalde, con el compromiso de ponerse a trabajar para recuperar el tiempo perdido.

La responsabilidad no es solamente del burgomaestre y del Cabildo, también es del ciudadano. Por eso dándole buen uso a la verdad de los hechos ¿Cuál alternativa sugiere, revocatoria o ultimátum? o ¿Qué hacer por Loja?

Adolfo Coronel Illescas

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