Con el inicio de las elecciones primarias en los partidos y movimientos políticos, se vuelve recurrente el discurso sobre la necesidad de seleccionar a los denominados “mejores cuadros”. Sin embargo, este concepto requiere un análisis más profundo sobre los criterios que deberían orientar la selección de quienes aspiran a una concejalía o a una junta parroquial.
¿Se trata de personas con mayor visibilidad en redes sociales? ¿De quienes disponen de mayores recursos económicos para una campaña electoral? ¿De quienes cuentan con redes de influencia política? ¿O de ciudadanos que han demostrado liderazgo, formación, capacidad de gestión y compromiso sostenido con su comunidad?
En distintos espacios, dirigentes barriales han visibilizado problemas de inseguridad, vialidad y servicios básicos, aportando a la agenda ciudadana. Sin embargo, cabe preguntarse si estos liderazgos responden solo a su labor comunitaria o también a aspiraciones políticas en contexto electoral.
En redes sociales se han difundido imágenes de familiares de actores políticos en espacios públicos, generando diversas interpretaciones. Sin embargo, el debate debe centrarse en la preparación, experiencia y compromiso de quienes aspiran a una función de representación, más que en acompañamientos o presencias en campaña.
La participación política no es negativa; la experiencia comunitaria puede ser una base formativa para el servicio público. No obstante, la ciudadanía debe valorar trayectorias sólidas y no acciones circunstanciales propias de coyunturas electorales. Las elecciones primarias deben fortalecer la democracia interna y priorizar la meritocracia, la capacidad, la integridad y la vocación de servicio. La gestión pública local requiere autoridades que comprendan la realidad territorial y propongan soluciones efectivas.
La interrogante final permanece abierta: ¿los partidos están seleccionando a sus mejores cuadros o únicamente a quienes tienen mayor visibilidad dentro de sus estructuras?
Mayra García Calle
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