¿Qué hacer frente al dolor y sufrimiento?

La Asociación Internacional para el Estudio del Dolor (IASP, por sus siglas en inglés) define el dolor como “experiencia sensorial y emoción al desagradable, asociada a lesiones reales o probables, o descrita en función de los daños”. En cambio, para Max Scheler el sufrimiento es una experiencia humana profunda que exige un sentido (Scheler, 1979). El sufrimiento abarca más dimensiones que el dolor, es un estado de mal/estar similar al de “dolor total”, sobre todo cuando ni se conoce su origen ni sus dimensiones. Dolor (sensación) y sufrimiento (emoción) interactúan, difícil sería afirmar que el sufrimiento es más profundo que el dolor, o viceversa. Para luchar contra ambos las personas suelen acudir a la farmacia y lo único que han conseguido es hacer de la industria farmacéutica un negocio redondo; a pesar de que la farmacopea a veces cura, alivia a menudo y consuela siempre. En todo caso, para el adolorido que musita “tanto dolor se agolpa en mi costado, que por doler me duele hasta el aliento”, si quiere combatir todo dolor y sufrimiento individual, debe necesariamente curar, calmar o consolar el dolor o sufrimiento de otras personas, tomando en cuenta que quien sufre tiene prioridad. Para ayudar a sanar y no perder el tú en el camino (Díaz, 2006) recomendamos el siguiente polisilogismo de la psicología personalista logoterapéutica (Díaz, 2026): a) yo no solamente soy yo, sino yo/y/tú; b) lo más íntimo de cada yo/y/tú es su sufrimiento; c) lo que remedia el sufrimiento es la hospitalidad del yo/y/tú; d) por la hospitalidad yo cuido mi sufrimiento cuidando al tuyo, es decir, al yo/y/tú; e) si des/cuido tu sufrimiento descuido el mío; f) si me cuidas me siento amado, y a la inversa; g) no adopto la figura romántica del enamoramiento de los quinceañeros, sino que se abre al tú de toda la humanidad (el nosotros abarcable por cada yo/y/tú); h) sin esto las mejores instalaciones y tecnologías de la salud están condenados al fracaso. Si la fórmula de la compasión es “sufro cuando tú sufres”, y la fórmula de la condolencia es “sufro de lo que tú sufres”, habría que decir que la fórmula del amor es “yo también sufro tu sufrimiento”.

Jorge Benítez Hurtado

jabenitezxx@utpl.edu.ec

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