En este mundo lleno de contrariedades, se enhebra, como un hilo de perlas negras, un rosario de problemas sociales de situaciones diversas, como pueden ser entre otros: la pobreza y la desigualdad; la drogadicción; la inseguridad; la criminalidad; la corrupción; la explotación laboral; los conflictos armados; la falta de acceso a los servicios básicos de salud y educación; la contaminación ambiental; la violación de género; y, el irrespeto a las personas de edad avanzada.
Agotadas todas las explicaciones lógicas y posibles del origen, razones, motivos, efectos, secuelas, implicaciones e impactos responsables de dicho fenómeno, pienso, no con poca razón, que los gobiernos de turno y todos nosotros somos los encargados de desarrollar las políticas sociales pertinentes que permitan revertir el problema social planteado en este comentario.
Probablemente tienen que haber oído decir que esta situación es difícil, muy difícil de resolverla, y esto es verdad. Sin embargo… ¡Meditemos! La idea es comenzar con alguna propuesta que nos conduzca a trabajar juntos para lograr cambios positivos en nuestra sociedad. Esto, necesariamente, implica, con el uso de técnicas comunes de resolución de problemas, buscar el camino que mejor se adapte a las necesidades de tal situación.
“Poner fin a esta imagen pavorosa no es un sueño. Es una realidad posible. Hay esperanza”. Esto lo decía un amigo hace pocos días.
Eso nada más.
Jaime A. Guzmán R.
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