¿Dónde reside el poder? Es una de las grandes preguntas de la historia de la humanidad. Filósofos, pensadores, científicos y artistas se han propuesto resolver este enigma y muchos han afirmado tener la respuesta; pero, en pleno siglo XXI, aún existen más dudas que certezas.
Uno de los grandes pensadores del poder, Michel Foucault, analizó gran parte de la historia de humanidad para entender el poder, y llegó a la conclusión que, a partir del siglo XVI (aproximadamente), las ciencias se enfocaron en el ser humano, y nace la idea misma de lo que significa ser humano. Ciencias como la psicología, medicina, derecho, entre otras, destacan, y son usadas para conceptualizar a la humanidad, y, a mayor atención, mayor intervención y control.
Hoy en día el poder se ejerce desde muchos lugares, pero los más importantes son, al menos para Foucault, aquellos que determinan lo que es real y lo que no, lo que es bueno y lo que no; en otras palabras, el poder reside en determinar qué es y qué no es. Mucho tienen que ver las ciencias a las cuales se refiere Foucault. Desde el lenguaje que usamos a diario, hasta el concepto de ser buen ciudadano, toda esa forma de entender el mundo es un ejercicio de poder.
Aquí entra la posverdad como un ejercicio de poder, dado que este es un mecanismo para promover ideas sin importar la verdad. Los medios de comunicación, políticos y redes sociales cumplen un papel fundamental, y a eso debemos sumar que, por lo general, creemos lo que nos gusta creer.
¿Cómo enfrentar entonces al poder? Eso es algo que Foucault no pudo responder. Sin embargo, si algo es revolucionario en estos tiempos, eso es dudar. Dudar de las noticias, de los discursos e incluso de nuestras concepciones más arraigadas. Dudar puede, al menos, darnos una herramienta para cuestionar el poder.
Juan Andrés Bravo Villacís
@JabravoV