Pero… ¡si nadie lo ha visto…!

De manera casual pude tener conciencia, alguna vez, que los conocimientos teóricos de las ciencias se fundamentan en supuestos que se consideran reales, aunque no haya habido evidencia sensorial, experimental.

El caso es que, al aprender de mis profesores que la materia puede dividirse hasta llegar a los átomos, que es la cantidad de materia más pequeña que se consideró indivisible, creí que estos existían tal como nos mostraban en los dibujos que había en los libros de ciencias naturales, de física y de química. Sin embargo, a mitad de mi tiempo de ejercicio de la docencia, leí que nadie había visto un átomo, ni siquiera el de uranio que es uno de los más grandes.

Así que les transmití este dato a mis estudiantes con el fin de que comprendieran que no todo es demostrable en ciencia, que muchas veces hay que creer en algo sin que lo hayamos visto, sin que se haya mostrado su existencia. Noté que todos quedaron un poco asombrados por la información dada.

No se hizo esperar una pregunta de un estudiante que debe haber tenido cabida en ese momento en todos: ¿Cómo se puede creer en algo que no se ha visto?

Bromeando, le contesté que él mismo creía en algo que nunca había visto. Pero, hablando ya en serio, le hice ver que, a pesar de que nadie ha podido ver un átomo, existen manifestaciones del mismo y explicaciones de fenómenos relacionados con su existencia que nos dejan tranquilos y podemos seguir creyendo en él y utilizando los conocimientos para realizar las más variadas investigaciones atómicas.

En ese momento, un estudiante que estaba en las primeras bancas, le dijo a su compañero de al lado: “yo creo en Dios”. Su compañero se volvió para mirarlo, también un tanto inquieto por la información que yo les había dado, y le dijo: “Pero… ¡si nadie lo ha visto…!

Carlos Enrique Correa Jaramillo

cecorrea4@gmail.com

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