
De la posesión de Milei en Argentina y de Noboa en Ecuador, para muchos ya quedan ciertas desazones e incongruencias, incluso algunos ya se sienten traicionados.
Y es que su requerimiento de inmediata persecución y castigo a quien creen el enemigo, no ha sido ejecutado como tal, al contrario, hasta pareciera que existiese un pacto de gobernabilidad y probablemente sí.
Pero recapitulemos; de una historia de revoluciones históricas, periodos y épocas de violencia y de regímenes que cambiaron la perspectiva política ¿Que hemos obtenido?
A finales del siglo XIX, los enfrentamientos políticos llegaron a ser tan brutales que las secuelas se contaban con muertos en las calles. La confrontación entre Conservadores y Liberales fue tan radical, que las disputas superaban las instancias políticas y brincaban entre lo personal y familiar. En Ecuador esta etapa se resume en la Hoguera Barbara y el desenlace del líder Liberal.
Colombia tuvo un período similar entre 1920 y 1960, en el cual las confrontaciones entre liberales y conservadores, llegó a ser tan violenta que los asesinatos, masacres, y terrorismo por la afiliación política se instauró como una normalidad sin haberse declarado una guerra civil.
En Argentina, Chile y otros países el pico de violencia se alcanzó durante las dictaduras militares del 70, de la que se recuerda las brutales persecuciones y desapariciones forzadas de partidarios de izquierda. Todo eso dió inicio a la actual división replicada en todo el continente, con una lucha feroz entre izquierdosos y derechosos, aunque ahora por redes, pero con el resultado siempre nefasto para el pueblo, nunca así para el poder; y en esto si se debería entender una constante: Mientras el pueblo se pelea, los poderes fácticos cabildean; y en tanto las ideologías se confronten en redes, los poderes serán obsecuentes a los intereses.
Jorge Ochoa Astudillo
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