El domingo, 9 de febrero de 2025, los ecuatorianos concurriremos a las urnas a ejercer nuestro derecho al voto, que es una norma social y cívica, para fortalecer la democracia, que la han elevado a la categoría de una responsabilidad legal y obligatoria del ciudadano, exceptuando el voto optativo para los menores que han cumplido 16 años y las personas de la tercera edad.
Este domingo será un día histórico porque nos toca elegir entre quienes queremos y anhelamos un país democrático, en donde se respete la libertad de prensa y de pensamiento, donde exista la libertad de cultos, donde se mantenga la propiedad privada, donde el derecho sea una garantía para poder subsistir y no una dádiva del Estado, donde la salud esté garantizada para todos los ecuatorianos, donde la educación sea universal y no para pocos privilegiados, donde todos tengamos las mismas oportunidades sin distinción de clase, credo o condición social, donde los sueldos de los jubilados sean dignos.
El 9 de febrero es vital porque elegiremos a quien garantice que la justicia social sea equitativa y la seguridad social y jurídica sea administrada a todos por igual, donde los delincuentes de «cuello blanco» no paseen su impunidad por las calles y plazas del país, donde las fuerzas de seguridad garanticen nuestras vidas y el desarrollo de nuestra existencia, donde los carteles de la mafia se eliminen para siempre y no se incrementen incluso desde las mismas esferas estatales.
En estas elecciones debemos meditar profundamente antes de consignar nuestro voto y ejecutar un sufragio razonado que elija entre la democracia o las mafias disfrazadas de políticos, nuestro voto debe basarse en las propuestas programáticas de los candidatos y, ante todo, debemos responder a los dictados de nuestra conciencia.
Luis Muñoz Muñoz