Necesitamos un plan B

Es evidente que, de entre todos los habitantes del planeta, el humano es el mayor depredador de la naturaleza. Cada minuto se consumen más de un millón de botellas plásticas en el mundo, 42 millones de árboles son talados al día, cada año se emiten a la atmósfera más de 36 mil millones de toneladas de CO2, lo que contribuye al acelerado cambio climático que en cada rincón del planeta estamos sintiendo y que próximamente estaremos lamentando.

Por lo expuesto, el mundo pide a gritos, traducidos en lluvias intensas en algunos sitios y sequias prolongadas en otros, que los seres humanos le demos un respiro aplicando un plan B, tomando en consideración que el plan actual de desarrollo económico no está funcionando a favor de la naturaleza y tampoco promueve la igualdad social.

Los expertos en cambio climático advierten que, si hasta el 2050, no replanteamos el rumbo del desarrollo, la crisis climática será irreversible y, por lo tanto, lo que vemos con admiración cuando se presentan grandes deslizamientos de tierra, calles inundadas, grandes cultivos perdidos por heladas o por falta de lluvias, incendios forestales, pérdidas de vidas, serán eventos más recurrentes, más potentes y consecuentemente más catastróficos.

Basta con recordar la sequía lojana de la década de 1960, cuando nuestros abuelos tuvieron que migrar por la desoladora sequía de la provincia. Probablemente, cuando la crisis climática llegue al punto de irreversibilidad, la migración la tengamos que hacer nuevamente.

Benjamín Ludeña

benjamin.ludena@gmail.com