El término natividad conlleva reflexionar sobre el nacimiento de Jesús, y con él, un cambio del ser, en humano. Dios debió enviar a su hijo como un mortal para que la sociedad en decadencia entendiera que la persona debe amar al prójimo como a sí mismo. Es fácil ser humanitario, solidario, generoso y bondadoso durante un día o ciertos días en los que celebramos la Navidad, pero Jesús con su nacimiento nos invitó a dejar de lado nuestros sentimientos mezquinos como la envidia, odio, rencor, avaricia, en fin, todo el sentimiento que afecte a otra persona.
La natividad implica permitir que una persona deseche los malos sentimientos y permita el crecimiento de sus sentimientos más nobles, aquellos que hacen grande a un ser humano, no a la caridad, ni al regalo material, las personas debemos aprender a amar al prójimo y ello se resume en una sola acción: no hacer daño a nadie. Es suficiente que madre y padre amen a su hijo, que aquel hijo ame a sus padres, y así, un sentimiento noble por un hermano, parientes y amigos.
Mucho más valioso sería que amemos a nuestros enemigos, que tengamos la valentía de perdonar cuando nos hayan hecho daño, demostremos que somos humanos y que el amor no solo es una palabra para pronunciarla, hay que vivificarlo. La Navidad implica cambio de actitudes para mejorar como persona y no hacer daño a los demás.
Manuel Salinas Ordóñez
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