Para quienes profesamos la fe católica, hoy 25 de diciembre conmemoramos el nacimiento de Jesucristo, el Hijo de Dios hecho hombre, que llega al mundo como signo de esperanza, amor y redención, permitiendo que la Navidad no es solo un recuerdo histórico, sino una invitación permanente a renovar valores esenciales como el perdón, la solidaridad y el amor al prójimo en un mundo cada vez más convulsionado por conflictos y divisiones.
Aunque no todas las personas se identifican con el catolicismo, la religión con mayor número de fieles a nivel mundial, la Navidad trasciende lo confesional. Incluso quienes no practican esta fe hacen una pausa en su cotidianidad para reconocer el valor simbólico de esta fecha y convertirse en un día de reflexión colectiva, donde se exalta la familia, la reconciliación y el deseo de paz de carácter universal corroborando que el mensaje cristiano ha permeado culturas y sociedades más allá de los templos.
En Loja, la Natividad del Señor es un acontecimiento profundamente arraigado en la identidad local. Nueve días antes de la Navidad, familias, barrios e instituciones participan en la tradicional novena en honor al Niño Jesús. Más que una costumbre heredada, la novena es una expresión viva de fe comunitaria, donde se fortalecen los lazos sociales y espirituales. Cantos, oraciones y encuentros familiares reflejan una religiosidad sencilla pero auténtica, que mantiene vivo el sentido original de la Navidad.
No obstante, también es innegable que la Navidad se vive hoy en un contexto fuertemente comercial, con el intercambio de regalos, el consumo y la dinamización de la economía global le otorgan a esta fecha un matiz distinto. La verdadera Navidad no se mide en compras, sino en gestos de amor, fe y compromiso humano, que nacen del mensaje del Niño Dios y se proyectan hacia una sociedad más justa y solidaria.
Sybel Ontaneda Andrade
sybelontanedandrade@gmail.com