Militarización

No es ningún secreto que Ecuador se ha convertido en el país más peligroso de la región. La cuestión ahora es saber cuál es la solución. Hay quienes ven en los soldados y los fusiles una solución necesaria ante el desborde de la violencia, mientras que otros advierten que estamos cruzando una línea peligrosa.

Los números no mienten: el 2024 fue el año más violento en la historia de Ecuador. Pero, ¿poner soldados en cada esquina realmente reduce el crimen o solo lo desplaza? La experiencia en otros países sugiere que, sin reformas profundas en justicia, educación y empleo, cualquier estrategia de «mano dura» es un remedio temporal.

En mis clases de ética, mis estudiantes debaten frontalmente sobre este tema. Algunos creen que la seguridad debe ser la prioridad absoluta, aunque implique ciertos sacrificios en derechos civiles. Otros temen que el país se acostumbre a vivir bajo toque de queda y patrullas armadas, como si la normalidad se hubiera esfumado. Pero todos están de acuerdo en que algo hay que hacer urgentemente.

Pero también es clave preguntarse qué pasará cuando las tropas se vayan Si no resolvemos las raíces del problema, la delincuencia mutará, se reorganizará y volverá con más fuerza. La seguridad no se construye solo con balas, sino con oportunidades.

No se trata de elegir entre orden o derechos, sino de exigir soluciones integrales. Ecuador no puede permitirse otro parche. Necesitamos un plan a largo plazo antes de que la «excepción» se convierta en la regla. El problema es que la seguridad depende de las autoridades políticas y sus ambiciones electorales y su desinterés por la seguridad ciudadana.

Victoriano Benigno Suárez Álvarez

victorianobenigno@gmail.com

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *