La democratización de la comunicación, que se traduce en la horizontalidad de la información, la participación e inclusión ciudadanas, son las dos grandes bases que sostienen a los medios de comunicación alternativos. Además, la agenda informativa que tratan de construir está enfocada a potenciar el sentido crítico de la gente, la discusión y el intercambio de ideas como elemento que promueve el desarrollo del conocimiento.
Dada la gran capacidad tecnológica y cobertura geográfica que tienen los medios tradicionales, deberían ser los abanderados de dar a conocer las necesidades que viven los habitantes de los sectores menos favorecidos, así como las inequidades que permiten acentuar más la brecha social; sin embargo los que se encargan de aquello son los medios de comunicación alternativos que en el día a día de alguna manera informan, previenen, advierten y comunican la problemática de las comunidades vulnerables.
No hay duda que la existencia de los medios de comunicación alternativos es vital en la construcción de una sociedad más justa y solidaria. Su apuesta organizativa y comunicativa es fundamental en momentos de crisis, como la que vivió nuestro país producto de la movilización indígena y el cerco mediático que se construyó en defensa del discurso oficial.
Los medios alternativos tienen la característica de difundir la información desde el lugar donde se produce la noticia, por más conflictiva que ésta sea, como lo ocurrido en octubre de 2019, en Quito, con la movilización indígena y otras organizaciones sociales, donde los únicos medios que establecieron la agenda informativa de esos hechos fueron los digitales.
Y algo más importante, transmitían los hechos tal como ocurren, sin pasar por procesos de edición, donde muchas de las veces se mutila parte del contenido. En definitiva, los medios de comunicación alternativos rompieron el cerco mediático.
César Sandoya Valdiviezo
@SandoyaC