Piensa en algo que parece dictadura, donde se persigue, se suprimen derechos y se vulneran libertades, donde se toman las instituciones y se las utilizan para beneficio del poder, pero que fortuitamente no podemos llamar dictadura. Exacto, son las nuevas Democracias.
Desde una potencia global que lleva “Libertad” al otro lado del mundo, hasta un país que casi nadie toma en cuenta y libra una “guerra” con un enemigo imaginario. Dos ejemplos extremos, donde se justifica la invasión, la muerte, la persecución y la xenofobia, so pretexto de una democracia libre y justa.
¿Pero por qué si es tan malo y evidente la gente no reacciona y señala lo que verdaderamente es? Porque en esas “nuevas democracias” no solamente se gobierna a través de la política, sino que se sostiene desde la comunicación, la intimidación y la compra de voluntades, un gran aparataje dirigido por unos pocos.
Quienes están llamados a ser voces críticas o liderar una corriente distinta, son perseguidos, encerrados o eliminados, aquí no hay lugar para voces disidentes, si no se autoexilian son desaparecidas.
Las mentes blandas son fácilmente consumidas por la información que monopoliza el poder, y quienes tienen alcance para opinar e incidir en la opinión pública, son financiados, pautados o caso contrario intimidados.
Por eso es que desgracias colosales como un genocidio o el bombardeo de una nación termina difuminándose en el infinito espectro de las telecomunicaciones en cuestión de segundos.
Es decir, una masacre en medio oriente se desvanece frente a un mundial de fútbol; o una proscripción política y adelanto de elecciones, se diluye frente a un nuevo escándalo social en un gobierno de papel.
En estas democracias ya no hay lugar para las calles, lo más indignante sucede en X o FB, nos cambiaron la manifestación por el “slacktivismo» o activismo de sofá, e institucionalizaron la protesta para ahora ser pacífica y ordenada.
Es la nueva dictadura, la que aprendiste a querer y también odiar, la que te elimina sistemáticamente a través de un hospital púbico o con la inseguridad que ya es una normalidad.
Jorge Ochoa Astudillo
jorge8astudillo@gmail.com