Solo son cascarones comandados por principiantes de política, seudos políticos, avivatos meretrices del beneficio personal y familiar, símiles a Hipias y Pisístrato con una ambición desenfrenada, quien se lleva puesto todo y a todos con tal de saciar sus deseos, en algunos casos con una posta entre familiares de larga data y que han hecho de su comportamiento camaleónico el proceder del partido político al cual lo hicieron suyo, ¡sí, suyo!
Con artimañas y demás se han quedado más del tiempo regular, y es que la astucia y lo cara duras, es únicamente lo visible del iceberg.
En lo más profundo tramas que desdeñan a partidos políticos con tradición, con bases ideológicas profundas, con seguidores insignes, afiliados, gente de principios, que de apoco al no evidenciar cambio alguno, han dado un paso al costado de forma honrosa para no ser arrastrados por la empalizada peligrosa que arremete contra todo. Ese es el devenir y porvenir de aquellos partidos políticos que piden un recambio en sus líderes si es que se puede compulsar el apelativo de líderes a individuos, obesos de poder.
El resultado al fin, una casa vacía, que, pese a tener sus puertas abiertas de par en par y el pasar de cualquier transeúnte pasa desapercibida, no es atractiva de hábitat alguna ni por quienes la edificaron, pero que añoran volver a ella. ¿Y por qué no hacerlo?, porque presentan recovecos misteriosos de los cuales la oscuridad te desdeña.
Lo expuesto invita a un cambio en el comportamiento de las masas que dieron lustre a los partidos políticos, a luchar por lo vivido y que te enaltece, a un cambio en el pensar y razonar políticamente de las masas, siendo el momento de ponerse en acción, momento oportuno de tomar la batuta democrática y protagonizar una purga ideológica, estructural y comportamental que permita resarcir y volver a la política pública del beneficio a la sociedad.
Paúl Cueva Luzuriaga
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