La orientación vocacional

En tiempos pretéritos, bastante lejanos, la orientación vocacional educativa, era, por decir lo menos, una utopía, porque, cuando a un niño o adolescente se le preguntaba ¿qué quieres ser de grande?, en seguida regresaba a ver a sus progenitores y ya sabía el interrogado que ellos decidían su futuro; generalmente seguían la profesión u oficio de sus padres, sin opción a alternativa alguna.

Los tiempos han cambiado radicalmente y, ahora, los estudiantes, desde sus años de escolaridad, ya fijan su mirada en el horizonte profesional de su preferencia: serán lo que ellos quieran ser; los padres, apenas, pueden sugerir, porque la palabra obligar, ya salió del contexto de este tema. Así, parece que, con la libertad que tienen los adolescentes recién graduados para seguir la profesión de su gusto y preferencia, parecería que todos los futuros estarían arreglados para los chicos…sin embargo, no es así.

Cada año, cientos o miles de bachilleres, luego de las celebraciones por su logro, se encuentran en un desierto sin horizonte a la vista, porque no saben qué seguir; algunas veces, consentidos por sus padres, se dan lo que llaman los años sabáticos, dizque para empezar a acostumbrarse al cambio de nivel educativo, luego se acostumbran a hacer nada o consiguen algún trabajo y los sueños universitarios se esfuman.

Por eso, cuán importante es el trabajo que deben realizar, en los colegios, los Departamentos de Consejería Estudiantil (DECE), manejados por psicólogos educativos, en la orientación vocacional que deben dar a los estudiantes de tercer año de bachillerato, para que puedan escoger con acierto su futuro profesional, enmarcados dentro de sus aspiraciones que, a futuro, una vez logrado su propósito, les permitirá servir con eficiencia y sintiéndose a gusto con lo que hacen. Los procedimientos que deben practicar en los DECE para lograr sus objetivos son múltiples, ceñidos a lo que la modernidad les permite para conseguir resultados altamente positivos.

Lo triste y lamentable ocurre cuando, bachilleres comprometidos con un soñado futuro profesional, no pueden acceder a los centros universitarios por la carencia de cupos para su carrera o porque la situación económica no les permite acceder a ellos. En esta parte, el gobierno aún está en deuda.

Darío Granda Astudillo

dargranda@gmail.com

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