La resaca navideña que nadie quiere mirar

El 25 de diciembre se instala con una quietud particular. Tras días dominados por el consumo intenso, mensajes oficiales cargados de optimismo y una avalancha comercial constante, la ciudad parece detenerse. Las decoraciones permanecen, pero el entusiasmo se ha disipado. Para muchas familias ecuatorianas, esta fecha no representa solo el cierre de una celebración, sino el inicio de una inquietud concreta: asumir el impacto económico que dejó una Navidad sostenida a base de esfuerzo y presión.

Durante diciembre, las finanzas de los hogares fueron sometidas a una exigencia extrema. Salarios que no crecen, empleos inestables, alta informalidad y un costo de vida cada vez más difícil de cubrir contrastaron con una lógica festiva que impulsa a gastar como símbolo de bienestar. Cuando el calendario marca el 25 y la actividad comercial se reduce, la realidad aparece con claridad: obligaciones pendientes, endeudamiento creciente y un enero que se proyecta desafiante.

Esta jornada pone en evidencia una desigualdad profunda que el relato navideño suele disimular. Mientras algunos celebran con comodidad, otros realizan sacrificios silenciosos para no quedar excluidos de la dinámica social. El trasfondo del problema no es solo cultural, sino político. La carencia de políticas públicas que protejan los ingresos familiares y regulen el acceso al crédito convierte la Navidad en una carga económica para los sectores más vulnerables.

En el Ecuador, donde la economía nacional arrastra limitaciones estructurales y escasas oportunidades laborales sostenidas, esta presión se vive con mayor intensidad. Se incentiva el consumo como sinónimo de progreso, pero no se garantiza estabilidad ni seguridad financiera. Se promueve esperanza, sin atender las causas reales del deterioro económico.

El 25 de diciembre debería ser un momento de reflexión colectiva. Una economía verdaderamente justa no se mide por el gasto de una temporada, sino por la tranquilidad, dignidad y protección que ofrece a la ciudadanía durante todo el año.

Mayra García Calle

alejandrinagc@gmail.com

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