La muerte para empezar

Parafraseando a  Benedetti, cuando somos veteranos, ya le dimos alcance a la verdad, el océano es por fin el océano; pero la muerte empieza a ser la nuestra. Sin embargo si supiéramos cuando vamos a partir o partirá un ser querido, tal vez todo sería diferente.

Si supiéramos que un ser querido partirá mañana, ya no importaría nada, no importaría si alguna vez nos enojamos, si era de diferente tendencia política o hincha del equipo contrario, solo importaría los buenos momentos, tal vez no todo el tiempo que compartimos sino ese tiempo de calidad. Le diríamos todas las cosas bonitas que sentimos por ellos y seguramente les daríamos un abrazo eterno. Si supiéramos que quien partirá mañana fuésemos nosotros en cambio importaría todo.

Que nadie se quedara ofendido, que le reconocimos algo bueno de los gustos y diferencias de nuestros seres queridos y que todos a quienes amamos lo supieran. Trataríamos de cumplir nuestro último deseo y viviríamos al máximo.

No podemos saber cuándo partiremos o cuándo partirá un ser querido, pero si podemos decir a todos quienes nos importan cuanto los queremos y lo importante que son en nuestras vidas, también podemos disculparnos con quienes hemos ofendido y vivir cada instante como si fuera el último. Por todos quienes nos han dejado y por los que aún están, que cada día sea intenso, y que vivamos disfrutando el momento, y valorando a quienes tenemos a nuestro alrededor.

Santiago Ochoa-Moreno

santiago_ochoa_2008@hotmail.com

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