
Según el diccionario de la Real Academia Española, la libertad “es la capacidad humana de actuar con voluntad propia”, es decir, es la competencia que nos faculta a hacer cualquier cosa, siempre y cuando no perjudique a los demás.
No obstante, a pesar que la libertad está protegida por la Ley, los Convenios y los Tratados Internacionales (Declaración de los Derechos Humanos, Constituciones de cada país, entre otros), no se respeta ni practica en ciertas naciones. Existen severas restricciones a la libertad de expresión o de opinión; coexisten sometimientos por parte de los gobiernos turno a la libertad de elección, culto, circulación, organización, privacidad y la cuestión económica que no nos permite cumplir con ciertos propósitos.
Por fortuna, lo único que podemos elegir sin que nadie nos pueda impedir -o mejor- coaccionar, es el cultivo de los valores. Es evidente, que la transición hacia un mundo en equilibrio no puede, de ninguna manera, hacer a un lado la necesidad de priorizar la educación integral y permanente de todos los ecuatorianos a través de los valores, porque ellos, solo ellos nos pueden preparar y encaminar para actuar como ciudadanos responsables.
De ello se deduce, que la libertad y la ética «se necesitan de tal modo que no pueden existir una sin la otra». En este componente moral, los valores juegan un papel preponderante. De ahí, como lo sostienen el doctor CHAIM WEIZMANN, científico nacido en Rusia, los únicos valores que ofrecen remedio a los sufrimientos de la humanidad, son aquellos valores supremos de justicia y rectitud, paz y amor. Eso nada más.
Jaime A. Guzmán R.
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