Parece que a más de todos los dones con los que fuimos hechas, el Creador quiso ponerle la cereza al postre dándonos esta especial característica que es la intuición femenina, a la que se la conoce también como: corazonada, sexto sentido, presentimiento, brújula interior, pálpito; y mil y una maneras de cómo se denomina a esta especie de radar que tenemos las mujeres y que nos permite ponernos alerta para recibir los estímulos del entorno.
Rudyard Kipling, refiriéndose a la intuición femenina, dice que “es más precisa que la certeza de un hombre”, a lo que yo digo ¡amén! Lo dicho corrobora lo que hemos creído: la intuición existe y casi nunca falla. Aunque puede suceder que hayan despistados que piensen que la intuición no pasa de ser un simple accesorio, que sirve para casi nada. Así mismo la mala influencia de una sociedad posmoderna tremendamente racionalista, donde nos confinan a funcionar en un mundo reducido a lo lógico, a lo racional, a lo de los cinco sentidos, privándonos y silenciando esa potencia sorprendente que surge de la intuición.
La “chispa intuitiva” ha de manejarse con cautela encendiéndola para iluminar cuando tenemos que tomar una decisión, recordando que es el plus necesario para advertir riesgos, señalar oportunidades, encontrar soluciones innovadoras, inteligentes y posibles Cuando, por ejemplo, por el camino de la razón no se resuelve un problema, y sabemos que la contribución intuitiva tiene algo importante que decirle a la razón y a la lógica, sin querer competir, sino más bien como un complemento valioso de esta.
Este mes que estamos de fiesta nosotras y nuestras hermanas la Luna y las estrellas, es un buen pretexto para enviarnos un abrazo fraterno.
Zoila Isabel Loyola Román
ziloyola@utpl.edu.ec