La feria de Loja, de vitrina del progreso a ‘chingana’ de consumo

Estamos próximos a una nueva edición de la Feria de Loja. Hay quienes, escudados en su estrecha percepción, sostienen con ligereza que «Loja no tiene nada que ofrecer». Esa frase pronunciada comúnmente por desconocimiento o ignorancia, es la decadencia de nuestra competitividad. Este pensamiento es el que ha convertido a la Feria —la más antigua del Ecuador— en una simple «chingana de pueblo grande».

Quizá resulte incomodo, pero sigue siendo decepcionante el pasionalismo con que lo exponen: “Corporación de Ferias de Loja, informa que los ingresos de la 196 edición alcanzaron los 761.210 dólares, generando una utilidad bruta de 257.453 dólares (Radio Boquerón, 18/09/2025).

Comparar nuestra realidad con ferias de otras provincias, no es vanidad, es apreciación técnica. Solo la Feria de Machala en Acuacultura, cierra transacciones millonarias, donde un solo empresario invierte en tecnología la tercera parte de lo que mueve nuestra feria y solo hablamos de una sola línea de producción, en Loja nos conformamos con el puesto de artesanías y el juego de azar.

¿Para qué sirve una feria?, en Loja sirve para justificar planillas, presupuestos e inauguraciones. Para el empresario y el innovador, es el espacio para generar negocios. El dato es vergonzoso, una feria que se precia de histórica genera 800 mil, mientras que, en otros nodos del país, la visión de mercado convierte cada metro cuadrado en una oportunidad de inversión. En Loja no hay mesas de negocios, ni ruedas de transferencia tecnológica, ni soluciones sectoriales; solo hay un tacho donde se deposita el dinero para sostener un aparato administrativo que se alimenta de la inercia.

La feria debería ser el espejo donde el industrial y el emprendedor encadenen valor. Mientras el mundo se mueve mediante el intercambio comercial de alta intensidad, Loja festeja su propia pequeñez.

Si Loja no tiene nada que ofrecer, es porque hay incapacidad y no se ha organizado un espacio donde la oferta encuentre una demanda real. Desde esta visión se ha decidido que somos incapaces de producir. Una feria no es un gasto, es una inversión; si no genera negocios, de que nos sirve.

Pablo Ortiz Muñoz

acuapablo1@hotmail.com

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