A lo largo de los años hemos escuchado discursos populistas de distintos gobiernos que hablan de valores, honestidad y transparencia. Otros movimientos políticos promovieron consignas como “corazones ardientes”, “pan, techo y empleo” o la convertibilidad, hasta la llegada de la dolarización, que ha mantenido la estabilidad económica pese a una democracia fracturada, con presidentes derrocados, triunviratos, tanques en la Corte Nacional de Justicia y congresistas despojados de sus curules.
Hoy, algunas autoridades que se autodenominan de derecha sostienen un discurso populista que contradice sus acciones. También observamos a funcionarios públicos y exfuncionarios que antes defendían ideologías de izquierda y hoy, convertidos en nuevos grupos de poder, se presentan como líderes nacionales o provinciales.
La ciudadanía exige seriedad y coherencia de sus autoridades, no oportunistas que cambian de movimiento político según su conveniencia. Ese comportamiento envía un mensaje equivocado a la sociedad.
Surgen preguntas inevitables: ¿dónde están las reformas al Código de la Democracia? ¿Dónde está la fiscalización efectiva? Mientras tanto, los gobiernos autónomos descentralizados son objeto de constantes controles, pero persisten denuncias sobre presuntos nombramientos por influencias políticas, favoritismos o recomendaciones, en lugar de procesos basados en méritos.
Quienes aspiren a ser miembros de juntas parroquiales, concejales, alcaldes, prefectos o cualquier otra autoridad deberían cumplir estándares éticos y legales: no mantener glosas pendientes, estar habilitados para ejercer cargos públicos, no adeudar al Estado, encontrarse al día con sus obligaciones tributarias y con el IESS, no enfrentar procesos por delitos contra la administración pública y demostrar formación académica y compromiso con la transparencia.
¿Qué valores se proclaman si las acciones reflejan lo contrario? Vivimos en una época donde la imagen en las redes sociales suele pesar más que la integridad. Es momento de votar con responsabilidad. Loja merece autoridades éticas, honestas y comprometidas con el servicio público.
Rodrigo Iván Cordero E.
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