El terror se desliza por las pantallas, por las calles, a veces lo ves o lo escuchas, generalmente te lo cuentan y solo de repente cae muy cerca de ti, pero te proteges detrás de la impasibilidad y la indiferencia, porque es mejor no hacer nada a ser parte de.
¿A quién le conviene tenernos divididos, atemorizados y con una visión catastrófica del país? Ese es justamente el efecto que buscan quienes usan el desastre para canalizar cambios políticos o económicos, siempre favorables a sus intereses.
La Doctrina del shock, desarrollada por Naomi Klein, te explica justamente como gobiernos o corporaciones explotan crisis o catástrofes para imponer medidas neoliberales generalmente impopulares que conllevan privatizaciones, intervencionismo, devastación natural, o cambios radicales que no se tolerarían en condiciones normales.
La estrategia es colapsar sociedades a través de la guerra, crisis económicas o desastres naturales, llegando al punto en el que se permita la intervención directa, aunque esto te cueste tu autonomía o independencia.
Justamente porque el miedo es el mayor incentivo para ceder libertades y derechos, pues la seguridad que es el estadio que todos buscamos, siempre viene con algo de control. Y una sociedad aturdida con violencia, bombas, crimen o terrorismo es capaz de permitir cualquier imposición en post de una paz ofrecida.
Ahora, recuerda un escenario del pasado, cuando la protesta era la base de un cambio social, cuando la huelga irrumpía en el orden civil y de ella emergía el colectivismo. Bueno pues eso dejo de suceder porque implantaron el miedo a la protesta, ahora es delito de sedición, que puede decantar en la represión “legal”, el encierro en las mazmorras oficiales, o la muerte mismo.
Y en efecto, el miedo es una reacción natural ante la ceguera de quien nos gobierna, pero recuerda que el pánico bien entendido, también puede ser el motor que nos saque de la indiferencia.
Jorge Ochoa Astudillo
jorge8astudillo@gmail.com