A lo largo de la historia del Ecuador ha existido un vacío permanente en cuanto a un sistema de partidos políticos fuerte y consolidado que permita mejorar la calidad de la representación y sobre todo implementar acciones desde las diferentes Funciones del Estado en beneficio real del pueblo ecuatoriano. La última encuesta del Latinobarómetro ubica a las organizaciones políticas con niveles de confianza por debajo del diez por ciento, lo que genera un escenario de poca esperanza para todos quienes debemos acudir por obligación a sufragar, puesto que al no ser así los niveles de ausentismo y legitimidad de los gobiernos serian aún menores.
Las organizaciones políticas han tenido reiterados procesos de refundaciones, de poder corregir su propósito y encaminar su accionar a una verdadera formación política que posibilite tener candidatos competentes y con ello mejorar la calidad de representación que consecuentemente permitirá tener gobiernos competentes y comprometidos con el interés general; sin embargo, eso no ha sucedido, puesto que el desprestigio de los partidos y movimientos políticos va en detrimento en cada ocasión, orillando cada vez más a una débil democracia entre pugnas de poder, corrupción, incompetencia e incluso repudio por lo público por ciertos sectores políticos que de forma incoherente buscan llegar al poder para desprestigiarlo.
Las nuevas generaciones tienen un reto enorme, puesto que es prioritario rescatar el rol de la formación política, de las organizaciones políticas y del propio Estado, caso contrario estamos encaminados a tener un Estado fallido en la que la institucionalidad del país no responda más que a los intereses personales por encima del interés general.
Daniel Alexander González Pérez
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