La decisión del gobierno nacional de introducir una consulta popular en medio de las elecciones seccionales, si bien pudo tener un justificativo de orden económico en cuanto a aprovechar una misma logística y reducir por lo tanto los costes de organización (aunque no olvidemos que el referéndum tuvo un presupuesto de 18,08 millones de dólares), el gran riesgo –como en efecto sucedió- fue su contaminación. Por un lado, tenemos a una oposición deseosa de terminar de sepultar políticamente al movimiento CREO y a su líder, el presidente Guillermo Lasso. Por otro, al propio oficialismo, incorporando preguntas anzuelo, para cautivar al elector y obtener un voto afirmativo. En el uno y otro caso, de manera abierta o no, se pretendió convertir a esta expresión de democracia directa en un mecanismo de evaluación del gobierno. Así, indistintamente del contenido de la pregunta, cuyo texto queda en segundo plano, el triunfo virtual del ‘NO’ en las 8 preguntas, se traduce en un rechazo al oficialismo, al presidente Lasso y a su errática política pública, la que ha sido incapaz de dinamizar, en forma sostenida y creciente, la economía doméstica y distribuir la riqueza con un sentido y prioridad social. En el otro escenario, desde Carondelet, probablemente, se pensó que un triunfo del ‘SI’, podría interpretarse como un respaldo ciudadano, y darle con ello oxígeno a un enfermo terminal, representado en el ejecutivo, y abonar con ello al casi inexistente capital político del ‘gobierno del encuentro’, que al momento ha enmudecido.
En lo que se relaciona a la provincia de Loja, el triunfo del ‘NO’ se dio de manera amplia en las ocho preguntas. No obstante, vale destacar que, en el cantón Loja, el ‘SI’ ganó en cinco preguntas, lo cual deja en claro que, en esta jurisdicción, al menos hubo un esfuerzo de análisis al revisar y discriminar los contenidos. Sin embargo, en general, más pudo la idea utilizar el voto como una forma de castigo para su verdugo.
Giovanni Carrión Cevallos
@giovannicarrion