La belleza de la mujer no es física, su beldad se atribuye al modo de ver las cosas, el empeño por el trabajo, la dedicación a sus hijos, la sabiduría de sus decisiones, la sutileza para solucionar problemas, el poder encargarse de la familia sin ni siquiera descansar lo debido.
Es activa desde que se despierta hasta que duerme, cansada, luego de preocuparse porque toda la familia haya cumplido sus obligaciones. Y aun durmiendo está pendiente por la seguridad del hogar y continúa procesando lo que hará al siguiente día. Tal vez la siesta de pocos minutos que tiene al mediodía, le da energía por horas y horas.
La mujer tiene el don de ser “todo”. Cuando el hombre recibe y obedece el sabio consejo de una mujer (madre, cónyuge, amiga, hermana, hija), su vida es fructífera y el hogar permanece incólume.
La mujer no necesita organizaciones sociales, comunitarias ni normas legales que la protejan, cuando sabe hacerse respetar en cualquier espacio, no hay agresor que pueda contra ella y, lo más importante, puede ser la mejor abuelita, madre, hija, hermana y jamás se obliga a ser cónyuge, si no le respetan ni aman. Feliz día mujer esplendorosa.
Manuel Salinas Ordóñez
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