La Asamblea Nacional: un elefante blanco con costo millonario

Ecuador tiene una Asamblea Nacional que cuesta millones al año, mientras las familias recortan gastos en comida y salud para sobrevivir. Los números no mienten: cada asambleísta gana $4.759 mensuales, y con 151 legisladores, el país gasta $8.6 millones al año solo en sus sueldos. Si sumamos los asesores (dos por cada uno, con salarios entre $2.545 y $3.014), el costo se dispara a $18.7 millones anuales. Y eso sin contar viáticos, décimos, o subsidios de vivienda que disfrutan mientras el 30% de la población vive en pobreza. ¿Qué podríamos hacer con ese dinero si se redujera este elefante blanco?  Educación: Con lo que se gasta en un año de asambleístas, se podrían construir 20 escuelas públicas o comprar 250.000 libros para niños que estudian en condiciones precarias. Mientras, el gobierno recortó $1.000 millones al presupuesto educativo en 2024.  Salud: El dinero de un mes de sueldos de la Asamblea alcanzaría para 5.000 consultas médicas en hospitales públicos (que hoy cuestan un 33% más que en 2022). En cambio, el presupuesto de salud también fue recortado en $1.000 millones, mientras las familias gastan hasta 3 meses de ingresos anuales en medicinas. Seguridad: Con los $3 millones extras que costará la Asamblea en este periodo, se podrían equipar a 1.500 policías con chalecos antibalas y radios en un país donde la delincuencia crece por falta de recursos.  ¿Y qué hace la Asamblea a cambio? Nada útil, legislan poco, dejan leyes que servirían de manera eficaz al desarrollo de la población a cambio de dadivas y otras cosas más, fiscalizan menos, no controlan que el gobierno cumpla con el 0.5% de aumento constitucional para salud y educación, se pelean mucho, sus sesiones son circo político, ya lo pudimos evidenciar en la instalación de la nueva asamblea.  Existen alternativas reales, se debería reducir el número de asambleístas, 151 es excesivo para un país pequeño, con tan solo 60 legisladores sería más que justo para lograr los objetivos planteados. Se deben recortar privilegios, eliminar viáticos, asesores innecesarios y subsidios de lujo. Invertir en lo urgente Destinar esos recursos a comedores escolares, medicinas para enfermos con cáncer o becas universitarias. Mientras ellos discuten en sillas de cuero, el pueblo decide entre comprar insulina o pan. La Asamblea no es solo cara, es innecesaria en su forma actual. ¿Hasta cuándo seguiremos manteniendo este club de privilegiados que no resuelve los problemas reales? 

Marco A. González N.

marcoantoniog31@hotmail.es

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