Como sociedad, tenemos tanto miedo al error, que muchas veces en vez de evitarlos, o corregirlos si los cometemos, intentamos taparlos y hacer parecer que no nos hemos equivocado que, aunque no tenga sentido, es correcto nuestro actuar.
Sin embargo, el problema de no reconocer los errores y justificarlos, no es solo que nosotros los tomamos como algo normal, dado que siempre influimos (voluntaria o involuntariamente) en los demás, alguien más lo verá también como normal, y cometerá el mismo error, creándose un efecto multiplicador de errores, excusas, y pocas soluciones.
Muchas veces, justificamos nuestras falencias con la frase: “es que no soy perfecto”. Como si la imperfección solucionara el error. Es más, la imperfección no se trata de cometer constantemente la misma equivocación, eso es una mala costumbre y se traduce en incompetencia. La imperfección va más allá, ejemplifica que, por más que hagamos las cosas bien, siempre se pueden mejorar y nunca alcanzar la perfección.
Por otro lado, aceptar nuestros errores y corregirlos, sin duda no nos hará perfectos; pero, sí nos sacará de la ignorancia y generará en la sociedad otro efecto multiplicador en el cuál, cada vez existirán menos excusas, más soluciones, las personas se incentivarán a ser más proactivas, que criticonas, y se aprenderá no sólo de cometer errores, sino también de superarlos o incluso se aprenderá como no cometerlos.
Santiago Ochoa Moreno
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