Más allá de la campaña sucia que los tradicionales medios independientes de comunicación de nuestro país desataron contra Julian Assange, secundados y pagados por el nefasto y mediocre gobierno de Lenin Moreno, la figura de J. Assange se ha convertido en un ícono de la justicia, de la razón y de la valentía, en la incansable lucha por la verdad.
Denunciar crímenes de guerra que se cometían violando todos los derechos internacionales y que pasaban desapercibidos invasión tras invasión, no solo le convierten en la voz de cientos de niños, de mujeres y civiles asesinados en países como Afganistán, Libia o Iraq sino que en un ejemplo de dignidad, de lucha y te resistencia.
En el nuevo orden mundial imperante, los procesados deberían ser los países que J. A. ha denunciado, quienes violando todo principio quedan impunes y siguen delinquiendo sin que ningún organismo como Naciones Unidas ponga un freno a este accionar indignante. Paradójicamente son ellos quienes juzgan, procesan y condenan a quienes sacan al descubierto sus crímenes e injerencias.
Cuando la segunda guerra mundial había terminado, los Estados Unidos cometieron el más aberrante e innecesario de los crímenes selectivos, detonó las bombas atómicas sobre las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki. ¿El motivo? Simplemente alertar a la emergente Unión Soviética de lo que ocurriría en caso de incurrir en un conflicto bélico con Occidente. El caso de J. Assange no es diferente. Quieren destrozar al periodista australiano para que vean quienes hacen investigación periodística, lo que les puede pasar si osan denunciar las barbaridades que la superpotencia comete alrededor del planeta en busca de intereses económicos.
Justo en el aniversario por los Derechos humanos, el mundo recibe la noticia de la posible extradición de j. Assange hacia los Estados Unidos. Este es un homenaje del stablishment al nuevo orden mundial, en el que por desgracia no impera la justicia o la equidad sino la barbarie. El poder establecido les ha dado la vuelta a las cosas y los asesinos son las víctimas y las víctimas los victimarios.
Hever Sánchez Martínez
hever.sanchez@unl.edu.ec