Fuera de control

A estas alturas de marzo del 2020, el país, por disposición del Gobierno y el COE nacional, vivía una cuarentena con aislamiento domiciliario, estado de excepción y toque de queda desde las 14h00 hasta las 06h00 y con una severa restricción de circulación vehicular. Y el coronavirus, sobre todo en Guayaquil, comenzaba su acción devastadora. En Loja los casos todavía eran contados.

Pensamos que, con el paso de los meses superaríamos la crisis sanitaria generada por este virus infernal. Hasta junio la cuarentena fue total, y luego, se inventaron aquello de los semáforos rojo, amarillo y verde y, poco a poco, parecía que, al acostumbrarnos a vivir con el mal, la gente se disciplinaba y las cosas retomaban a su cauce normal. Finalmente, todos llegamos al semáforo verde y ¡Viva la patria! ¡Viva la libertad! Ya no había restricción alguna y daba la sensación que el coronavirus pasaba a la historia, tanto más que, desde enero de este año, se empezaron a administrar las vacunas.

Sin embargo, entre tanto libertinaje e irresponsabilidad de muchos ciudadanos, ahora, estamos con una segunda ola que está aniquilando nuevamente a la población ecuatoriana. De todas las ciudades del país se reportan informaciones alarmantes que hablan de que el coronavirus, parece que está fuera de control: las ucis de los centros hospitalarios públicos y privados, no dan abasto a tanto caso grave que llega a sus instalaciones y los médicos suplican, imploran con lágrimas en los ojos que, por favor, nos cuidemos y, hoy más que nunca, guardemos las medidas de bioseguridad y, sobre todo, que nos quedemos en casa.

Aunque a determinados sectores, sobre todo productivos y de turismo, determinadas medidas de restricción les parezca inapropiadas, creo que es obligación del gobierno central, adoptar todas aquellas que velen por la seguridad de la salud y la vida de los ecuatorianos. Si tenemos que volver a una cuarentena, como ya está ocurriendo en varios países de América y el mundo, pues volvamos, porque es preferible estar encerrados algunos días en casa que a tres metros bajo tierra.

Darío Granda Astudillo

dargranda@gmail.com