
La partida al cielo de Fredin Eduardo Rojas Andrade, provoca sentimientos encontrados; por un lado la nostalgia de su ausencia física especialmente en su seno familiar pero este vacío a su vez es recompensado con el inicio de una nueva vida en la eternidad disfrutando de su paz celestial en inmejorable compañía al estar junto nuestro creador emprendiendo su nueva misión: la construcción de nuevos caminos de caridad, bondad y alegría.
Nacido en la ciudad de Amaluza, el 18 de junio de 1952, Fredin dedicó 41 años al trabajo en diferentes instituciones como Cosurca, Municipio de Espíndola y Gobierno Provincial de Loja, quien a bordo de maquinaria pesada, con pericia, sagacidad y valentía, fue capaz de desafiar los complejos terrenos de la arrugada geografía de su cantón y provincia de Loja, para alcanzar el objetivo final de la comunidad, contribuir con la apertura de vías y caminos que para esa época constituían en una verdadera proeza.
Por lo general quienes están en el día a día, en el “campo de batalla” luchando con denuedo hasta plasmar la idea inicial, son en muchos de los casos invisibilizados, concepción equivocada por cuanto son ellos que ponen en riesgo hasta su integridad física, sorteando diferentes contratiempos y obstáculos propios de la naturaleza, como lluvia, insolación, altas y bajas temperaturas, polvo, lodo, rocas, etc.; por lo tanto no es justo soslayar el paso por el mundo terrenal de un intrépido y valiente trabajador.
En su última morada, la Iglesia Matriz San Bartolomé Apóstol de su tierra natal, estuvo completamente llena, y es que sus amigos, camaradas y familiares no podían faltar en su adiós postrero con el menaje de cariño, afecto y gratitud. Pasarán los días, pero su recuerdo y obra física estará presente como una huella indeleble de su mano de obra calificada en beneficio y aporte a la comunidad. ¡Paz en su tumba, buen amigo!
Sybel Ontaneda Andrade
sybelontanedandrade@gmail.com