Fin del bisiesto

Estamos a puertas de cerrar el siniestro, grave y difícil año bisiesto. Para colmo habrá que despedirlo en un escenario diferente, atípico, cercado y restringido por el estado de excepción, debido a la desobediencia social y la amenaza de una nueva cepa del coronavirus.

Así, el 31 de diciembre, por el toque de queda, no habrá el tradicional concurso de Años Viejos, cuya temática central era el Covid-19 y la corrupción, representado en monigotes en los que se debía descargar las frustraciones, pateando al muñeco y quemándolo con tronazones y petardos. Y como a las 22 horas ya debemos estar en casa, no habrá las cábalas de medianoche. Tan pronto sonaba las 12, las jovencitas especialmente, daban vuelta a la manzana con una maleta para asegurar muchos viajes el año entrante; luego comían 12 uvas invocando un deseo por cada mes del año; y corrían a cambiarse el calzón o interior con otro de color amarillo, para conseguir riqueza o buena suegra.

Se nos viene el fin del año bisiesto y debe inquietarnos lo que hemos sido: descuidados, insensatos, desobedientes y fiesteros, con una respuesta cultural popular, ajena a la crisis sanitaria, económica y social. Proponiéndonos un nuevo comportamiento sin que las promesas de diciembre se las abandone en enero. Encarando el futuro con esperanza.

Y aunque obligados, el final será en casa, lugar adecuado para en familia invocar el deseo que realmente queremos se concrete en el 2021 salud, seguridad, trabajo y libertad. Para no desentonar la noche habrá que tararear con alegría la canción que hemos escuchado y bailado por más de 40 años: “Yo no olvido el año viejo/ porque me ha dejado cosa buena/ me dejó una chiva, una buena negra/ una yegua blanca/ y una buena suegra”. ¡Feliz año nuevo! ¡Lo necesitamos!

Adolfo Coronel Illescas

Abrir chat