La violencia irracional lastima y destroza una sociedad. La muerte de miles de ecuatorianos en manos del sicariato conmueve a una comunidad que busca paz, seguridad y oportunidades de vivir. Las víctimas de la violencia delincuencial -o de cualquier otro tipo- se proyecta como un trueno depositando en la conciencia de los que quedamos vivos… todo lo absurdo de la miseria humana.
Los familiares de las víctimas esperan al menos una respuesta del Estado, de la sociedad, para encontrar a los culpables y que reciban su castigo. Muchas veces, el impacto de la pérdida o la violencia del acto, hace que, el inicial y natural deseo de venganza de paso a una exigencia de justicia que, en muchas ocasiones… nunca llegue y sea remplazada por la resignación.
La violencia, engendra violencia; por tanto, cuando una autoridad -o político de profesión- cree que hay que aniquilar a sus enemigos políticos, persiguiendo a familiares, afectando su honra, escarnecerlos y humillarlos públicamente; porque los tribunales y fiscales se convierten en instrumentos de un poder frío e inhumano a su mandar o, cuando se pacta con sicarios para convertirlos en testigos contra enemigos políticos; es necesario decir: ¡alto! paren la violencia, sobre todo la que se genera por la injusticia, de lo contrario el pueblo tendrá que buscarla por mano propia, utilizando su arma más poderosa como lo es: el poder popular en las urnas; para que esto suceda les deseamos: …buen viento …y buena mar.
Lenin Paladines Salvador
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