¡Es tan fácil!

Me parece que la infancia es la mejor etapa para pretender llegar a tener virtudes en la vida. Pienso que no hay niño que no se proponga poder hacer cosas buenas, casi perfectas. Mira a los mayores y los considera héroes y semidioses y quiere llegar a ser igual o mejor que ellos. ¡Porque es muy fácil llegar a serlo!

La educación busca dar respuestas a esas aspiraciones infantiles mediante planificaciones y propuestas tanto de objetivos y finalidades como metodológicas. A estas acciones deben agregarse, paralelamente, las acciones hogareñas.

Toda virtud empieza con las buenas costumbres y los buenos hábitos. Tanto las buenas costumbres como los buenos hábitos empiezan con la repetición de los mismos durante un cierto tiempo. Su adquisición y permanencia dependen mucho, entre otras cosas, del interés que se ponga, de la disciplina que se tenga, de la ayuda que se pueda encontrar en el ambiente familiar, de superar la pereza y la abulia, etc. Con el tiempo una buena costumbre se convierte en un buen hábito cuando se lo puede hacer ya con facilidad. Finalmente, un buen hábito se convierte en una virtud cuando se vuelve espontánea y más fácil de realizarla. Sin embargo, ¡cuán difícil es adquirir una buena costumbre!, ¡cuán difícil es adquirir un buen hábito! Y ¡cuán difícil es adquirir una virtud!

Con los vicios ocurre lo contrario: ¡qué fácil es aprender malas costumbres!, ¡qué fácil es adquirir malos hábitos!, y ¡qué fácil es adquirir vicios! ¡Pero es tan difícil de dejarlos!

Por eso es que debemos esforzarnos por combatir contra nuestros vicios, pero desde antes de que se enraícen y lleguen a ser malas costumbres y, luego, malos hábitos: porque es tan fácil adquirirlos y ¡tan difícil de abandonarlos! Mientras que resulta tan difícil adquirir virtudes y ¡es tan fácil perderlas!

Carlos Enrique Correa Jaramillo

cecorrea4@gmail.com

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