Ecuador: el tanque vacío de una gestión en crisis

Ecuador atraviesa una de las crisis energéticas y sociales más severas de su historia reciente. Lo que comenzó como intermitencias en el despacho de combustible se ha transformado en una parálisis sistémica que desnuda la fragilidad de un Estado incapaz de garantizar el flujo vital de su economía. La escasez de gasolina no es un fenómeno meteorológico ni un accidente geográfico; es el síntoma final de una negligencia administrativa crónica. La razón de los surtidores secos es una mezcla explosiva de infraestructura obsoleta y falta de previsión. Las refinerías estatales operan a media marcha por falta de mantenimiento, obligando al país a importar derivados en condiciones desfavorables. La gestión gubernamental ha fallado en la logística de almacenamiento y en la transparencia de los contratos de importación, dejando a la ciudadanía a merced de una burocracia que reacciona tarde y mal. El aumento progresivo en los precios de los combustibles, bajo la bandera de la «eliminación de subsidios», está operando como un impuesto regresivo que asfixia a quienes menos tienen. Para el ciudadano de a pie, no se trata de macroeconomía, sino de supervivencia.  Inflación de alimentos: El costo del transporte se traslada directamente a la canasta básica. Precarización laboral, Miles de repartidores y transportistas informales ven licuados sus ingresos diarios. Movilidad restringida, El transporte público, ante el alza, reduce frecuencias o presiona por tarifas que el obrero no puede pagar. La solución no es simplemente subir el precio para equilibrar las cuentas fiscales mientras el pueblo pasa hambre. Se requiere una auditoría profunda de Petroecuador, inversión real en la capacidad de refinamiento local y, sobre todo, un sistema de focalización de subsidios inteligente que proteja al sector productivo primario y al transporte masivo. Ecuador no puede seguir siendo un país petrolero con ciudadanos haciendo filas de horas por un galón de combustible. Mientras el gobierno no asuma su rol como administrador y no solo como recaudador, la paz social seguirá siendo tan volátil como la gasolina que hoy nos falta.

Marco A. González N.

marcoantoniog31@hotmail.es

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *