El perro que se muerde la cola: el Estado y el empleo en Ecuador

En Ecuador no falta diagnóstico sobre el desempleo; lo que falta es reconocer dónde está realmente el problema. Mientras los políticos insisten en discursos sobre capacitación, emprendimiento y reactivación, el empleo de calidad sigue siendo escaso y frágil.

Se repiten explicaciones conocidas: el desajuste entre educación y mercado laboral, la falta de experiencia que excluye a los jóvenes, la informalidad que precariza el trabajo y reglas poco claras que desincentivan la inversión. Todo esto es cierto, pero insuficiente.

El problema de fondo es el modelo de Estado. En la práctica, el sistema tiende a proteger y reproducir a quienes están dentro de él. Trabajar en el sector público o contratar con el Estado ofrece, en muchos casos, más estabilidad que producir, invertir o emprender. Así, en lugar de impulsar la generación de riqueza, el propio Estado termina compitiendo con ella.

Aquí aparece el verdadero “perro que se muerde la cola”. El Estado afirma promover el emprendimiento, pero su estructura lo desincentiva. Promete dinamizar la economía, pero concentra recursos en circuitos cerrados donde la meritocracia no siempre es el criterio dominante. El resultado es un entorno en el que emprender implica más riesgo que integrarse al aparato público.

Las consecuencias son claras: menos empresas, menor innovación y escasa generación de empleo productivo. Mientras tanto, el sistema se reproduce a sí mismo, incluso cuando quienes lo integran no siempre cumplen con estándares adecuados de formación o experiencia.

El desempleo en Ecuador no es solo un problema económico. Es el reflejo de un diseño institucional que desincentiva la creación de valor. Mientras ese modelo no cambie, el país seguirá girando en el mismo círculo.

Víctor Antonio Peláez

victorantoniopelaez@gmail.com

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