El ‘perdón’ oficial

Políticamente estamos asistiendo, como nunca antes en la historia de nuestra vida republicana, a presenciar y vivir hechos que nos dejan asombrados y perplejos, que se nos hace increíble que estén sucediendo, en un estado en el que todos los días el Gobierno como los asambleístas se enjuagan la boca con la palabra democracia.

Acaban de conmocionarse Ecuador y el mundo, ante la muerte de María Belén Bernal Otavalo, quien apareció sin vida en un cerro cerca de la Escuela Superior de Policía del Ecuador, en Quito, lugar donde se forman los oficiales y las tropas de esa institución.

El  sospechoso del asesinato  es el teniente  Cáceres, quien fungía  como instructor y  que en la actualidad se encuentra prófugo de la Justicia, mientras que  los funcionarios del régimen y el mismo presidente Guillermo Lasso  se encuentran empeñados  en limpiar la imagen  de la entidad policial y del Gobierno, en un vano esfuerzo  para recuperar la credibilidad y la confianza de los  ecuatorianos en una institución en la que, solo este año, varios de sus miembros se ven involucrados en delitos.

La misma Policía es la responsable de su desprestigio y el Gobierno parece ciego ante esa realidad. Tanto el ahora exministro Carrillo como el señor Guillermo Lasso han pedido perdón públicamente por estos hechos, como si con ello se va a remediar la situación.

Qué equivocado está el Gobierno al pedir perdón por cada escándalo que se produce, en vez   de proceder en forma inmediata a la rectificación y restructuración de las estructuras caducas que se mantienen en el país, en el orden político, social, económico y de seguridad pública.

El perdón oficial proclamado no es la panacea para sanar las heridas de un pueblo ofendido, vilipendiado, humillado por quienes están obligados a cuidarnos y garantizar una vida digna.

Luis Muñoz Muñoz

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