En junio de este año 2026 preguntábamos ¿Por qué al Consejo Nacional Electoral (CNE) no le interesaba la alerta amarilla, si las acciones preventivas del fenómeno telúrico es responsabilidad de todos?
Ha esperado la alerta roja para preocuparse del posible impacto de un “Niño” fuerte y rabioso. Prepara un plan de contingencias para evitar afectaciones durante el proceso electoral del 29 de noviembre. El objetivo, que una eventual inundación, lluvias intensas u otro evento natural no impida el funcionamiento de las juntas receptoras del voto, que estarán impermeabilizadas con resistencia a la humedad y otros detalles por las condiciones geográficas del país.
Bien, porque se está asegurando el funcionamiento de las juntas receptoras y la seguridad del voto. Sin embargo, hay preocupación ciudadana por la seguridad del votante, del elector, quien llueva, truene o relampaguee tiene la obligatoriedad de acudir a sufragar donde le toque. Se hace mención al elector del medio rural, barrios y comunidades pequeñas que utilizan para su transporte carreteras, caminos, ríos, puentes y quebradas, botes y canoas. Y también ciudades que bajo los 1500 m.s.n. pueden inundarse fácilmente. ¿Acaso estos posibles desafíos frenarán el entusiasmo del elector y afectaría por consiguiente el éxito del proceso electoral del 29 de noviembre?
Frente a esta realidad conviene una lectura del tema no solo al CNE que cambió y adelantó la fecha eleccionaria, sino principalmente a los gobiernos central, provincial, cantonal y parroquial, para afrontar esta nueva contingencia de mitigar los riesgos que ayuden a garantizar el proceso electoral.
Preocupación que debe alcanzar a los partidos políticos y sus candidatos para los gobiernos seccionales, evitando que la furia del “Niño” le ponga a la democracia un epitafio.
Adolfo Coronel Illescas